jueves, 25 de noviembre de 2010

Este, no es el país que yo quiero...

La señora Carmen es menudita, y cuando camina no se oyen sus pasos. Vive en Cerro Navia y trabaja haciendo aseo. Hace aseo en varias casas y oficinas. Hace aseo los días Martes y Viernes en mi oficina, y sin pedirle me trae una cafecito a eso de media mañana, como a mi me gusta, en un vaso corto, de vidrio y bien cargado. Hace unos días, el destino le jugó una amarga pasada. De noche, alguien acuchilló a su hijo en la vereda del barrio y lo mató. Por su puesto no fue causa de titulares de diarios, pues se trata de Cerro Navia al interior de una familia sencilla.

Y esta es la historia de nuestro país. No se trata, solamente de la muerte de un hijo, sino también de las escandalosas diferencias de las clases sociales.

Lo que viene son más diferencias, la diferencia entre poder contar con el apoyo mediático o simplemente formar parte del relato anónimo, la diferencia entre no escatimar en cuentas para apoyo legal, o sólo contar con un escaso y casi nulo apoyo municipal, la diferencia entre vivir en un barrio con árboles frondosos, veredas verdes, noches iluminadas y resguardadas y vivir bajo el alero de la vulnerabilidad. Este, no es el país que yo quiero, tampoco es el que Carmen merece.

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