
Domingo 27 de Agosto, día de elecciones o mejor dicho de elección. Esta historia me remonto a una anécdota que me tocó vivir siendo jurado de un Festival. En la categoría animación el comité pre-seleccionador del festival había seleccionado una sola obra en animación. Cuando nos enteramos como jurado de esta situación ya el festival cursaba la mitad de su celebración. Nos reunimos para resolver los premios y decidimos declarar desierta la categoría animación.
Cuando tuvimos que leer el acta frente al público, durante un unos segundos que duraron años se generó un silencio, Era una situación incómoda, la obra de animación seleccionada era una buena obra, pero corría sola la carrera del Paoa. Nos pareció ilegitimo y pidiéndole al realizador las disculpas del caso, sostuvimos con firmeza lo que es ese caso nos pareció lo más justo. No había competencia en la carrera al Paoa.
Este Domingo Carolina Tohá será la única opción en el voto. Quiero entender este ejercicio, y leo la noticia tratando de abrir mi cabeza con la esperanza de leer un argumento sólido, algo que me de la posibilidad de decir en voz baja “vamos avanzando”. Pero no encuentro los argumentos, explicaciones hay varias pero ninguna explica porqué un ejercicio democrático tan primario como tener opciones para decidir ha sido desechado.
En el contexto en que estas votaciones de desenvuelven esta decisión no hace más que confirmar que la concertación aun prefiere el poder por el poder. El poder es fundamental en la política, hay que tenerlo y mucho, pero el único poder que sirve es aquel ganado y bien ocupado.
La concertación, ahora oposición, me recuerda la magnífica escena de la película Dogma “La celebración” donde en la mitad de una celebración familiar en una mesa rodeada de una familia compuesta, uno de ellos animado por el licor, revela el gran secreto de la familia. El Domingo se transforma en una pesadilla, pero sin lugar sólo esa aberrante revelación permitirá re-estructurar tal vez a muy largo plazo a una familia completamente desarmada. Vidal es hoy ese invitado en la mesa, que por loco o borracho plantea la incomoda verdad que a todos molesta. Y al fin de cuentas es el primer signo de sensatez. Vidal tal vez ni lo sepa, pero en realidad no importa Vidal, ni importa Velasco, ellos solo son personajes de una gran escena. Hoy solo importa que hablemos desde las verdades y desde la tribuna del fracaso.
Y llegarán estos inoportunos invitados algún día a la mesa de Tohá.
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