lunes, 19 de abril de 2010

La cumbiera intelectual


Nuevamente entre dos mundos, almuerzo sola, con los ojos bien abiertos y los oídos atentos.
El centro es mil mundos a la vez, dos oídos y dos ojos no son suficientes. Me siento a almorzar y me concentro con tal de lograr la invisibilidad.
A mi derecha escucho a dos mujeres, no retengo la escena completa, solo finales o inicios de frases, el resto lo armo yo. “por lo menos que sus ambiciones sean auto-sustentables” le dice una a la otra, me parece un relamido diálogo de la cumbiera intelectual de Drexler. Quisiera darme vuelta a conocerle el rostro a esa voz, pero pongo en riesgo el poco grado de invisibilidad que he logrado así es que opto por no conocer a las damas de tan alto diálogo.
A mi izquierda hay otras dos mujeres. Porqué será que se me cruzan las mujeres en mis escenas de espía. Ambas llevan uniforme y comen Light, una ensalada que a penas cabe en un recipiente plástico. Imposible aderezarla. Nada mejor que una lechuga bien aliñada, nada peor que una lechuga sola a secas. Hay cosas que sin compañía de otra cosa no llegan a ser algo, la lechuga es una de esas cosas, todo y nada a la vez depende con que vaya. En fin, entre lechuga y lechuga comentan el nuevo ambiente laborar “cuando llega el sub-secretario nos saluda a todas, todas las mañanas… es el sello presidencial”. No puedo evitarlo y esta vez la observo detenidamente intentando escuchar con los ojos, pero las frases que vienen a continuación no llegan a ese nivel, el personaje se desarma y se trasnforma en lechuga sola.
Mi mirada entonces se distrae por la calle Tenderini y al costado de las lecturas de tarot, un camión de mudanzas carga instrumentos musicales, los violines de la orquesta se van de gira.
La luz cae sobre los transeúntes, y pega en los metales de vientos. Si no fuese porque las estaciones se sienten en el cuerpo diría que hoy es un día de primavera.

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