
A diferencia de muchos colegas, que al igual que yo hacen clases en al Universidad, y a riesgo de que esto influya en mi evaluación docente, yo hablo sin temor de política con mis alumnos. A diferencia de muchos de mis colegas, me resultó ineludible preguntarles en Diciembre si votaban y si habían decidido su voto. Fue justamente en esos diálogos que decidí involucrarme en una campaña política. Cuando uno de mis alumnos dijo “tengo 22 años, y en realidad desde que tengo uso de razón el único referente de gobierno ha sido la concertación. Yo creo que es bueno ver otros referentes” Que me han dicho, se abría allí la posibilidad de un largo debate que no podía quitarle tiempo a mi programa académico que estaba lejos de tratarse de política.
Salí de clases ese día con la sensación de haber descubierto algo, a lo menos se trataba de un impulso que me obligaba a la acción, más allá de una contundente opinión.
Se instalaba con firmeza la vacía idea de que el cambio tiene valor por si mismo, sin importar sus contenidos. Fue así y tomando la reflexión de mis alumnos como lema, que me acerqué a un candidato y comencé a trabajar, con la idea de demostrar que había otros referentes posibles, y que por sobre todo eran los contenidos los que debían marcar un rumbo de cambio.
Tres meses después, retomo las clases. Nuevos cursos, nuevos alumnos, misma Universidad. Y los escucho. Este semestre mis alumnos deben filar un documental y ayer comenzamos la etapa inicial de la cadena de producción audiovisual. LA IDEA.
40 alumnos se presentaron. Hay un perfil y hay casos aislados.
Alumnos entre 19 y 22 años
Primera carrera
Clase media
No leen
Ven televisión
Han elegido esta Universidad por su oferta de becas o por su garantía de acceso laboral.
Todos quieren ser directores(as) de cine, pero no van al cine.
Esperanzada con la gran oportunidad que al género documental el país le ofrece, tras vivir un hecho histórico como un terremoto grado 8.8 escucho atenta las ideas.
Seguimiento a un adicto al Bowling
El afanado trabajo de las monjas en el hogar de cristo con la 3era edad
Identidad nacional v/s productos extranjeros
La vida de un ermitaño
Las redes sociales en Internet
Sólo 2 alumnos han decidido trabajar la temática del Terremoto.
Cada uno explica en breves líneas la idea que pretende documentar. Yo les pido al resto que hagan comentarios. Les sirve a los autores de las ideas, pero me sirve a mi mucho más. Es a través de esos comentario que yo levanto el plano de mis alumnos, cómo son, qué piensan, qué les interesa y cuánto saben? Comienza entonces el diálogo. Y es aquí que vuelvo a vivir la experiencia de Diciembre pasado.
Tratando de dar cuenta del perfil de personaje, uno de mis alumnos dice algo así como “y le gusta la política. Es súper raro, porque cuando estamos en una fiesta el se pone a hablar de política, nada que ver” Alguien reacciona atrás y dice “ para que hablar de política, que fome, si además hablar de política nos divide”
Yo solo escucho, mis comentarios son académicos,. Termina la clase, me voy a casa preocupada, preguntándome qué es lo que hizo que jóvenes de 20 años no tengan en su cabeza incorporada la política. Qué es lo que pasó que jóvenes de 20 años no se sientan convocados por la realidad del país, no sólo convocados por la política, sino por la realidad. Hemos vivido un terremoto y sólo el 5% considera interesante hacer un documental sobre este tema.
Me impresiona el tiempo que ha pasado. Vengo de una generación que considero la generación Sándwich. Los padres de mi generación son los protagonistas de los hechos históricos que cambiaron a este país, son los protagonistas de los finales de los 60, la unidad popular, el golpe, la dictadura y la vuelta a la democracia. Mi generación, la que nació en los finales de los 60 y principios de los 70, es una generación que solo pudo mirar con sorpresa y temor lo que ocurría en este país, es la generación que caminó por el frontis de la Facultad de derecho de la Chile rodeada de milicos, es la generación que creció con los apagones, los helicópteros sobrevolando las casas, el miedo.
Es duro comprender los tiempos que requieren los procesos para lograr un cambio.
Mis alumnos no saben lo que es vivir una dictadura, jamás han vivido el temor de caminar frente a un milico con metralleta en mano. Jamás han vivido la pena de leer en los diarios que han encontrado cuerpos degollados o quemados a gasolina. Pero a pesar de ello y a pesar de los 20 años que han pasado desde la vuelta a la democracia, han heredado el temor y el vacío.
Hay muchos argumentos que explican esto. Los procesos de país requieren de mucho tiempo, son avances lentos, claramente.
Sin embargo también hay responsabilidades desde la sociedad. No hemos sido capaces de formar a personas involucradas con el país. No hemos sido capaces de desarrollar un espíritu comunitario, no hemos creído en las redes sociales. El terremoto, nos ha enseñado entre otras cosas eso, las comunidades articuladas han sido las que mejor han reaccionado a la catástrofe y serán las que requerirán de menos tiempo para su re-construcción.
Nosotros, los ciudadanos no hemos hecho el trabajo ciudadano de exigir a gritos a los gobiernos el derecho a la participación ciudadana. Nos hemos quedado con el slogan. No hemos terminado de creer en al representatividad, acomodándonos en las acciones individuales. Y los gobiernos han descansado en nuestra frágil condición de ciudadanos consumidores
Mis alumnos son los hijos de la Concertación
No hay comentarios:
Publicar un comentario