
Realmente decidida a cumplir el rol de madre ejemplar, me levanto temprano un día sábado, y parto llena de cajas de cartón, papeles de colores y botellas al colegio de mi hijo a cumplir el primer turno del Stand del 2do C. Todo un desafío, tomando en cuenta mi nula experiencia en ritos sociales de este tipo. Lucho va contento a mi lado, a el le gustan estas cosas.
Aun estaba fresca la mañana del sábado y los “apoderados”, aunque en honor a la realidad debiera decir “apoderadas”, deambulaban de un lado a otro con paneles, plantas, piscinas inflables, carteles, tortas.
Esa primera imagen me detiene, me quedo parada en la mitad del patio sin saber como actuar. Claramente no me fluye la actitud correcta. Y como siempre, en esas situaciones intento actuar rápidamente para pasar desapercibida. Es difícil, muy difícil que la madre abnegada que en 4 pies prepara el Sant de al lado, comprenda que en mi ADN no existe ese espíritu de comunidad escolar, de apoderado participativo, de mamá jugada que compite por ser el mejor Stand de la kermes. Sobre todo que comprenda que pesar de eso sÍ soy una madre ejemplar… a mi estilo por su puesto.
Me muevo, y haciendo un esfuerzo por sobrepasar la angustia, esa que pasea por dentro con sabor amargo, me activo, tomo las botellas que hay que forrar con papel volantín para el emboque. Soy diestra en manualidades así es que la labor con las botellas me ayuda y me concentro en el color. 12 botellas forradas, de distinto color. Miro el patio, los Stand comienzan ya a tomar formas, siguen llegando mamás, papás, abuelitas, cargadas hasta arriba de adornos. Los niños corren a 100 por hora y yo he terminado mi tarea, la angustia vuelve, que hago?
Entonces comienzan las preguntas en mi cabeza, que me pasa? Porque esta situación tan habitual me incomoda tanto? Porque me angustio?. Trato de ir a mis recuerdos y no me dan la respuesta, no sufrí ningún trauma en alguna kermes durante mi infancia, no me asustó ningún payaso, ni fui la niña a la que había que apuntar para caer a la piscina. En realidad no están en mis recuerdos las Kermes. Parece que no forman parte de mi trayectoria.
A esa altura yo ya estaba más adentro de mi cabeza que en el patio del colegio, quizás que cara tenia. Lo advierto y me movilizo.
A esa hora ya el sol era una amenaza evidente, entonces descubro la estrategia ideal para huir de manera digna. “Habría que tener un toldo, para el sol, no?”, todos están de acuerdo ,entonces me ofrezco “Yo lo puedo ir a comprar”
Voy en el auto, sola, en mi propio universo… que alivio.
Vuelvo repuesta y decidida a estar ahí. Los rodajes me han dado la competencia calificada de armar toldos, en tiempo record. Así es que emprendo la labor de cubrir a las abnegadas apoderadas del sol. Por lo menos nadie me puede culpar de no hacer nada.
Una vez instalado el toldo, me voy a recorrer los patios llenos de stand diversos. Los rostros de los “apoderados” son notables. Se miran entre ellos con sentido de comunidad. Más allá de lo poco atractiva que me perece la escena kermes, debo reconocer que la angustia por arrancar se va transformado de a poco en nostalgia al sentido de pertenencia.
Miro la hora recuerdo mi compromiso de las 12:30. Debo ir a unas esquinas de acá a repartir volantes de la candidatura de ME-O.
Dejo a Lucho de apoderado ejemplar en representación de la familia Leiva Staiger. En eso Lucho es mi compañero perfecto. No se si entiende bien lo que me pasa, pero no hace preguntas, se despide con un beso cariñoso y simplemente está donde yo no estoy.
Camino a pleno sol, que disfruto paso a paso, llego a la esquina y saco de mi mochila la polera de ocasión. Esta camiseta me la pongo sin dificultad, y hasta con un cierto placer. Hay mujeres y hombres, jóvenes y viejos, distintos a mi, pero me siento parte de algo.
Reconozco un rostro, me acerco a conversar, es el director de “La revolución de los Pingüinos”. Me mira con ojos sorprendidos y al igual que muchos han hecho, me pregunta sutilmente desde cuando estoy en esta campaña. A pesar de haber compartido con el algunas instancias profesionales, nunca habíamos hablado y esta camiseta se transforma en un especie de pasaporte a la confianza. Un documental de los cuicos, me responde, cuando le pregunto en que proyecto está. Sonrío y pienso: quiero ser observadora de eso.
Finalmente la mañana del sábado ha terminado bien para mi. A pesar de la angustia, todo termina bien y mi hijo está feliz.
Una manera de intentar llevar una vida con realidades que probablemente para muchos/as es tan ajena como salir a la calle y sonreir, colaborar con la señora que le cuesta subir al bus o simplemente hacer un gesto minimo por lo demás.
ResponderEliminarHoy por hoy, ser "humano" es una tarea titánica para muchos, pero al menos son pocos los que aún siguen siendolo =)
Tu día de Kermes fue, aunque tardía la lectura ideal para un día domingo, a minutos de ir a la feria de Dalcahue.(donde probablemente compraste tu polera de ocasión.)
ResponderEliminarMe sentí tan identificado con tu historia que fue como vivirla. Esa sensación de alivio cuando inventaste una misión es, lamento decirlo, uno de los tantos lastres que heredaste de tu padre.
Sencillamente genial, muy bien escrito.Gracias