Soy muy crítica de nuestra Institucionalidad cultural, soy crítica de las formas que ha ocupado Paulina Urrutia para relacionarse con los sectores culturales del país, he sido crítica del valor que el estado ha decidido darnos a los consejeros, llamándonos representativos y no representantes, he sido crítica incluso da las "políticas" culturales. Eso explica mi decisión de no sumarme a la idea de darle valor por si mismo a la continuidad.
Pero no me confundo. La estrategia de desalojo, que ahora la derecha quiere traspasar a la cultura, me parece impresentable, por decirlo de manera sutil.
Nuestro país, con el retorno de la democracia decidió emprender el camino del desarrollo cultural(que por si la derecha no lo sabe, la dictadura hizo ñicos). Largos cabildos y reuniones forjaron una idea de Institucionalidad que permitiera a la cultura disponer de un instrumento público, que al igual que en otras áreas del desarrollo social le diera la posibilidad de invertir en el desarrollo cultural del país.
Ahora bien, la cuestión es el modelo de institucionalidad que se instaló. Un modelo que a decir lo menos “extraño”, no garantiza realmente el desarrollo cultural de Chile.
Claramente hay logros, nuestro sector no es el mismo de los años 80, nuestros creadores disponen de mayores posibilidades de escribir, pintar, hacer cine y de ese modo aportar a nuestro imaginario cultural nacional. Existen iniciativas culturales como los festivales de cine, que sin la ayuda del Estado duramente podrían existir y menos darle continuidad a tan gran aporte.
Sin embargo, hay una cuestión de fondo que los gobiernos de la concertación no han logrado resolver. El modelo de institucionalidad que tenemos, un consejo con todos los deberes de un ministerio, pero sin sus derechos, sin los recursos apropiados, sin las competencias necesarias, no puede más que dedicar el día a día a resolver las labores domésticas de una repartición pública.
Cabe entonces la siguiente pregunta: ¿cuál es realmente el valor que la concertación le ha dado al desarrollo cultural del país, si al mismo tiempo que lo declarara pilar fundamental, sólo lo dota de una institucionalidad discapacitada?
Este es el problema de fondo, y para ello es necesario revisar el modelo de institucionalidad que tenemos, rediseñarlo, pero antes de eso preguntarse cual es el valor que le damos al desarrollo cultural.
La segunda pregunta que me hago, es: ¿Hasta dónde llegará la derecha con esta campaña del terror y populista? ¿Acaso creerán que la solución a esto es ponerle candado también al Consejo?
Por todo esto y mucho más, no creo en la continuidad como valor, y por su puesto menos creo que la derecha, al mismo tiempo que levanta estas campañas sea capaz de llevar cabo la culta tarea del desarrollo de nuestro país. Por esto y mucho más sí creo en un gobierno de jóvenes, de líderes comprometidos con la cultura y nuestro país. www.marco2010.com
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