El 5 de octubre del año 88 yo tenia 16 años y cursaba el tercero medio en la Escuela Experimental Artística de Mapocho. Tengo en mi cuerpo el recuerdo duro de esos años, de esa escuela. La caminata diaria de Alameda con Matucana hasta Mapocho con Lourdes.
La calle Matucana no era lo de hoy. Matucana 100 era un muro cerrado a la espera de Andrés Pérez,. La quinta normal cobijaba todo tipo de submundos bajo sus sombras. Las veredas calientes llenas de comercios mayoristas y repuestos de auto.
Y entre medio, temprano en la mañana podías ver un New-wave o una apocalíptica, y al frente estaba el fundamental Galpón Matucana.
Allí fue donde todo comenzó para muchos de nosotros, allí fue donde transformábamos el dolor en color, el miedo en calentura y la rabia en creación.
5 de octubre, a mis 16 años no pude votar.
5 de octubre del 2009, 21 años después , Matucana se ha transformado en la cultura institucional.
Aquellos espacios off casi clandestinos , donde la desolación nos convocaba, ahora son muros botados sin candados, veredas, en las que caminas al mismo tiempo adentro y afuera, a dos pasos de una obra de teatro, un recital de una nueva banda, un container de diseño, una explanada lúdica para observar o el espacio digno de los libros.
Y es agradable caminar por Matucana, sin sombras, sin olores a encierro, sin miedo. Es una experiencia del primer mundo, poder caminar por un barrio industrial, habitacional, cultural.
Pero debo reconocer que siento nostalgia del Matucana de los 80, siento nostalgia de la sensación de cobijo y catarsis al mismo tiempo. Dónde un galpón desolado bastaba, donde la oscuridad nos protegía y nos daba la posibilidad de explotar y crear.
No es casual que de allí salieran, grandes músicos, dramaturgos, actores y artistas plásticos.
Será que la cultura institucional de alguna manera, nos neutraliza?
Es cierto, no pudiste votar pero estabas ahí y pusiste lo tuyo en ese día maravilloso. Fuiste más que testigo fuiste protagonista en el ir y venir, en el apoyo, en el orgullo de desplegar tu NO a como diera lugar. En buscar una sonrisa cómplice entre los transeúntes, en aventurar un comentario, en hacer masa para las concentraciones, en vigilar los recintos de votación para que el monstruo no hiciera desaparecer los votos.
ResponderEliminarEn hablar con la gente mostrando la cara y los ojos para que pudieran ver a una persona, a una mujer de verdad. En convencer con el ejemplo de que cualquier riesgo se podía asumir si con ello lográbamos recuperar la esperanza. Votaste con la mano de otros, indicaste el camino a algunos que, teniendo 21 años, no tenían ni la mitad de tu experiencia y tu coraje.
Es verdad, se extraña esa sensación de vivir la vida a concho. Hoy todo parece burocrático, regulado y prudente. La sangre está más espesa, los colores son menos brillantes. Las marchas tienen un ritmo más lento y cansado. Asoma una sombre de frustración, se insinúa la idea de haber traicionado aquel otro Octubre.
Algo hay de verdad y ese algo desencadena nuestra nostalgia.Nos cuesta ya entender algunas rebeldías. Es posible que nos estemos poniendo viejos.
Yo te invito a seguir siendo rebelde, a no tener miedo de ser tú misma y mostrarte con la misma limpieza de entonces. También te invito a lo que viene. Sea lo que sea. A que nos encontremos en una nueva realidad que, muy probablemente no será ni lo tuyo ni lo mío. Y también será lo de ambos. Cuenta conmigo, que lo único que no estoy dispuesto a arriesgar es el privilegio de tu amistad.